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La cultura de la violación.

"La cultura de la violación, acuñado como concepto en los años setenta, vincula la violación y la violencia sexual a la cultura de una sociedad en la que lo habitual es normalizar, excusar, tolerar e, incluso, perdonar la violación y, al mismo tiempo, culpabilizar a la víctima" Nuria Varela: “Cansadas”


¿Qué entendemos por cultura de la violación?

Se trata de un problema social y cultural donde la violación es aceptada y normalizada debido a pensamientos, creencias, comportamientos y actitudes sociales sobre el género, el sexo y la sexualidad; es fruto de la sociedad patriarcal.

Es una cultura que obliga a hombres y mujeres a asumir roles de género predefinidos en relación con el comportamiento sexual, una cultura que encasilla.

La violencia sexual abarca actos que van desde el acoso verbal a la penetración forzada y una variedad de tipos de coacción, desde la presión social y la intimidación a la fuerza física.

La violencia sexual incluye, pero no se limita, a lo siguiente:

  • Violación en el matrimonio o en citas amorosas.

  • Violación por desconocidos o conocidos.

  • Insinuaciones sexuales no deseadas o acoso sexual (en la escuela, el lugar de trabajo, etc.)

  • Violación sistemática, esclavitud sexual y otras formas de violencia. particularmente comunes en situaciones de conflicto armado (por ejemplo fecundación forzada).

  • Abuso sexual de personas física o mentalmente discapacitadas.

  • Violación y abuso sexual de niños y niñas.

  • Formas “tradicionales” de violencia sexual, como matrimonio o cohabitación forzados.

Como podemos ver, la violación solo es uno de los puntos comprendidos en lo que entendemos como violencia sexual. El concepto de violación ha ido cambiando, y esta fuertemente influido por el contexto sociohistórico, donde puede verse una mayor o menor fortaleza de la cultura patriarcal, así como también por la lucha por los derechos humanos, el feminismo y los derechos de la niñez.

En la actualidad, con diferencias entre países, la violación es un delito que se define básicamente como penetración sexual no consentida.

La violación sexual existe desde tiempos inmemoriales.

Lamentablemente ha estado acompañándonos desde siempre. Se han encontrado fósiles del neolítico que ya permiten conocer que desde estás épocas prehistóricas la violación ya existía (5000 a.c.).

Los romanos, babilonios y hebreos castigaban la violación solo en mujeres casadas por parte de un tercero, a modo de proteger el derecho de los hombres a tener exclusividad sexual con sus esposas, adoptando la característica de un delito contra la propiedad.​ Adicionalmente, si un hombre violaba a una mujer “virgen”, era obligado a casarse con ella como pena.

El matrimonio justificaba hasta hace poco y aún justifica en algunos países la violación conyugal. La esclavitud y la servidumbre incluían el derecho de los amos y señores a mantener relaciones sexuales con sus siervas y esclavas, aún sin consentimiento de estas.

Hasta una fecha relativamente reciente no existía una palabra para definir la penetración sexual de una mujer sin que preste consentimiento.

Las primeras leyes que castigaron la violación surgieron en Inglaterra en 1285, pero no fueron aplicadas durante siglos. En el siglo 19 surgieron algunas leyes que pretendían castigar al violador, pero con penalización casi inexistente.

Si bien a lo largo del siglo XX la reglamentación y legislación para tipificarlo como delito se fue incrementando, el entorno cultural y judicial de "culpabilización" y castigo de la mujer víctima enmascaraba la situación.​ Los movimientos feministas de las ultimas décadas han tenido un rol crucial para el tratamiento de la violación como delito penal y social, aunque la cultura de la violación está muy arraigada a nuestra sociedad, y en muchos aspectos la lucha debe ser continua (2).

Es mucho más que una violación sexual.


Lamentablemente continúa siendo una entidad de importante frecuencia. En nuestro país en 2019 hubo 3.047 denuncias de delitos sexuales. Abuso sexual fue el delito más cometido (42,7%), con 1.301 denuncias. Los casos de violación fueron 300 (9,8%) y 146 de ultraje violento al pudor (4,8%) (3). De forma clara se trata de la punta del Iceberg. Obviamente que son los que más impactan, los que más nos duelen, ejemplo máxime de la barbarie a la que puede llegar el “gran varón”. Pero más allá de ellos, hay una inmensa marea de prejuicios, actitudes, tradiciones, creencias y prácticas sociales que los naturalizan, legitiman, fomentan y perpetúan. Es la cultura de la violación. Cultura que tiene como mandato que nos traten como objetos, que nos cosifica, que nos gamifica, que minimiza la violencia de género, que no llama violación a la violación, que duda de nuestro consentimiento, que nos victimiza y revictimiza. Que los protege y defiende. Y el otro terrible extremo… todo eso también es lo que nos mata, lo que está en la base del femicidio. Es mucho más que una violación sexual. Carga con toda esa connotación que nos denigra y defenestra, desde el ultraje sexual hasta la muerte como sus peores extremos.



Devolverle la culpa a los culpables, a ellos, los violadores.


Es muy difícil hablar de esto siendo breve. Las consecuencias son múltiples, y enormemente conocidas. No voy a hablar del daño físico que se puede generar: infecciones, embarazos no deseados. Me quiero detener brevemente en el daño psicológico. Las mujeres víctimas de abuso sexual presentan distintas alteraciones que se manifiestan en un período no determinado después del hecho, ya sea de forma aguda o crónica.

Según diversos autores, está claro que la violencia sexual es un gran estresor y un acontecimiento traumático que puede provocar trastorno de estrés postraumático, entre otras consecuencias psicológicas. Algunos autores sostienen que la violación, junto con afrontar un daño a un hijo, son los estresores de mayor riesgo para desarrollar esta entidad. También puede darse que existan síntomas que son consecuencia de la victimización sexual, tales como la reexperimentación del trauma, la evitación de estímulos asociados con el suceso de violencia, una falta de respuesta general e hiperactivación (constante estado de alerta o lucha como el que pudo vivir durante el episodio de violencia). El malestar, debido a las reexperimentaciones o a los sentimientos que recuerdan la agresión sexual, hace que la mujer pueda llevar a cabo conductas de evitación, reduciendo actividades que antes formaban parte de su vida diaria, especialmente las sociales y sexuales. En algunos casos, continúan con sus actividades sociales habituales, pero no las disfrutan como antes (4).


El después, la re-victimización y la cultura de la violación en su máximo esplendor.


Como si no fuera suficiente con lo ya vivido, la sociedad entera muchas veces continúa y perpetúa el daño. Todo esto hace que el trauma no se reduzca solo al episodio de la agresión, sino que se producen re victimizaciones que muchas veces agravan las consecuencias. La sociedad tiene arraigados múltiples mitos y condicionamientos sociales que implican la búsqueda de causas en características de la víctima, y no del agresor.

Las supervivientes aparecen invadidas por un fuerte sentimiento de culpa (que la ropa que llevaba puesta, que la hora, que el alcohol, que si yo lo provoque). Todo para enmascarar que hay solo un culpable: EL VIOLADOR. El varon que decide cosificarnos. Es importantísimo que TODOS y TODAS desaprendamos esos discursos que llevamos medulizados (5). Todo esto lleva al silencio de la víctima, que muchas veces calla, para no incrementar su dolor.

Por el contrario, en otras ocasiones se le otorga un carácter indeleble al impacto de este tipo de delitos. Es decir, se considera que las mujeres que son víctimas de una agresión sexual quedarán marcadas para siempre, incluso en algunos casos, las mujeres tienen miedo de ser vistas sonriendo en público, es como si socialmente se les extirpara su capacidad para volver a disfrutar y sentir placer (5).


La Punta del Iceberg


No quiero terminar sin recordar que la violación y el femicidio no son más que la punta del iceberg de este enorme problema que la violencia de género representa. Se trata de la forma más explícita y visible de un problema que nace en múltiples situaciones no visibles, o muchas veces invisibilizadas y disfrazadas por el sistema del que formamos parte. Debemos aunar esfuerzos para generar conciencia social que nos permita combatirlas, para poder todas juntas resquebrajar este iceberg desde los cimientos.








Equipo de salud y violencia sexual

Como personal sanitario, es frecuente que nos encontremos ante pacientes que sufrieron/están sufriendo abuso sexual. Ante esto es de suma importancia que estemos preparados.

¿Qué acciones NO debe hacer el equipo de salud?:

  • Violar la confidencialidad.

  • Restar importancia a la violencia.

  • Culpabilizar a la víctima.

  • No respetar su autonomía.

  • Ignorar la necesidad de seguridad.

  • Normalizar la violencia.

  • imponer sus creencias y valores personales.

  • Someter a la persona a múltiples interrogatorios preguntas inadecuadas victimizantes.

  • Someterla a reiterados exámenes físicos innecesarios.

  • Presionarla a denunciar y no respetar sus tiempos.

  • Omitir el registro en la historia clínica.

  • Trabajar en solitario.

En nuestro país contamos con protocolos que pueden serte de utilidad si como personal de la salud te enfrentas a estas situaciones: PROTOCOLO INSTITUCIONAL DE ATENCIÓN A PERSONAS EN SITUACIÓN DE VIOLENCIA BASADA EN GÉNERO Y GENERACIONES (ASSE). https://www.asse.com.uy/aucdocumento.aspx?10322,66353

Por otro lado, la mayoría de las Instituciones Privadas también cuentan con protocolos.




Si sufriste cualquier tipo de abuso sexual y te sentís cómoda como para hablar y denunciar:

El Instituto Nacional de las Mujeres (Inmujeres-MIDES) cuenta con un sistema de respuestas frente a la problemática de violencia basada en género y brinda servicios públicos de atención. También tiene servicio a mujeres en situación de trata, para explotación sexual y proyectos de alternativas habitacionales transitorias para mujeres en proceso de salida de situaciones de violencia doméstica.

¿Cómo podes acudir? Ingresando a este link https://www.gub.uy/tramites/servicio-atencion-mujeres-situacion-violencia-basada-genero. Si sos residente de Montevideo podes acceder a la agenda en línea ingresando al link o botón "Iniciar trámite en línea" en dicha pagina.

Existen servicios en todos los departamentos del país. Por información acerca de cada servicio, lugares y direcciones como así también para solicitar orientación y atención vía telefónica. ingresar al siguiente enlace: http://guiaderecursos.mides.gub.uy/mides/guiarecurso/templates/recurso_puertas.jsp?contentid=27548&channel=innova.front&site=1


Telefónicamente podes comunicarte con la Intendencia de Montevideo la cual cuenta con un servicio telefónico nacional de orientación y consulta: 0800 4141 - Celular: *4141. Es una línea anónima.

Policía especializada: el Ministerio del Interior tiene Unidades Especializadas en Violencia Doméstica. Acá te dejamos el listado: https://www.minterior.gub.uy/genero/images/stories/listado_uevd_total.pdf


Bibliografía:


1) Comprender y abordar la violencia contra las mujeres. Violencia sexual. Washington,DC : OPS, 2013.

2) Violencia Sexual como disciplinamiento patriarcal: la subversión del testimonio

4) Sintomatología del trastorno de estrés postraumático en una muestra de mujeres víctimas de violencia sexual. Cuad. med. forense vol.23 no.3-4 Málaga jul./dic. 2017 Epub 21-Sep-2020.

5) La violencia sexual en el sistema patriarcal. Noemí Otero Prada. Adriana Fernández Caamaño. https://www.trabe.org.es/wp-content/uploads/2018/10/Esto-no-puede-pasarme-a-mi.pdf


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